Castell d'Orpí, recuerdos de infancia

11:00



Los caracoles y el arroz a la cazuela son los platos 'estrella'


Guardo muy buenos recuerdos de este restaurante. Desde mi infancia he ido creciendo poco a poco con él. Quizás habré estado, en cifras absolutas, más veces en otros locales. Pero éste mantiene un encanto especial para mí. Me veo de muy pequeño, entrando por primera vez con cara de misterio y asombro a la vez. Con aquella admiración que nos suele despertar lo rústico, lo tradicional pero desconocido. Y con la extraña sensación de sentirme cómodo nada más cruzar la puerta. Y más cuando, de repente, ves a un chiquillo más o menos de tu edad, pelirrojo como tú, revoloteando por los pasillos de la que sí es su casa. Ese niño, ese chaval, ese jovenzuelo del que no podía adivinar si estaba jugando, ayudando a su mamá y papá o simplemente iba y venía de la cocina al salón para matar el tiempo, resulta que hoy en día ha heredado la responsabilidad de los fogones como chef del Castell d'Orpí.

Alex, chef del Castell d'Orpí
Es curioso. No nos conocemos personalmente. O al menos no hemos tenido un trato de aquellos dueño-cliente-con confianza. Pero me siento de algún modo identificado con su pasión por la cocina. Y probablemente sienta envidia sana de haber podido aprender cómo manejarse entre fogones desde tan tan joven y de manera tan directa.

Mis tres últimos cumpleaños los he celebrado allí, con mis padres y abuela. Y en las tres ocasiones, y en tantas otras, hay dos cosas que no pueden faltar en la mesa: los caracoles y el arroz a la cazuela. Sin duda, los platos estrella para mi familia. Los caracoles no han sido nunca santo de mi devoción. De hecho, hasta no hace mucho era de los que, como les pasa a algunos con los calçots, sólo mojaba el pan en la salsa y apenas hacía caso de los que deben ser los protagonistas. Pero al igual que con otros alimentos que años atrás odiaba o simplemente rechazaba porque no eran de mi agrado, con el tiempo me he ido 'atreviendo' también a usar el palillo para sacar al caracol de su caparazón y comérmelo.

Del 'arròs a la cassola' del Castell d'Orpí apenas tengo palabras. Pasarán los años, será el hijo, el nieto o el bisnieto del actual cocinero quien estará al mando o no, pero el arroz seguirá manteniendo ese sabor intenso, tan característico, y que tanto nos gusta. Y como muestra, las siguientes dos fotografías, la del antes y el después, donde puede apreciarse que no solemos dejar ni un grano, ni en el recipiente ni en el plato (costumbre de mi fallecido abuelo paterno).


Sabrosísimo y espectacular 'arròs a la cassola'
El después, sin un grano de arroz





 

La carta de este restaurante es básicamente tradicional. A los caracoles y el arroz a la cazuela se le unen otros platos típicos caseros como la escalivada (hecha al fuego de leña), el xató, habas a la catalana, 'esqueixada' o brandada de bacalao y canelones, en cuanto a primeros; o espalda de cordero, pies de cerdo, butifarra a la brasa con 'mongetes', conejo al pincel o el clásico ternera con bolets como segundos platos. 

Aun así, encontramos algún ligero toque de modernidad, sobre todo en algunos entrantes como en la terrina de foie con compota de manzana o la lasaña negra (de chipirones en su tinta).

En definitiva, un buen restaurante donde comer bien y que Chef Pirata obviamente recomienda.

'Vedella amb bolets'
Foie con compota de manzana
Castell d'Orpí se halla en un pequeño municipio de la comarca de l'Anoia (Barcelona). Aquí os dejo su web y un mapa para localizarlo mejor.






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