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viernes, 7 de agosto de 2015

Polos de sandía natural





Como ya anuncié vía facebook e instagram, aquí tenéis la receta de polos de sandía natural que os presenté a principios de verano y que hará las delicias de más de uno en estas semanas de intenso calor.

Es una receta extremadamente fácil. Tan sólo requiere cierta dosis de paciencia: tanto para retirar de pepitas los trozos de sandía como para esperar a que la mezcla esté bien congelada antes de poder comer estos polos.

Hay que tener en cuenta que en función de las medidas de las "poleras" o moldes para polos que tengáis, deberéis usar más o menos cantidad de sandía. Para un helado de tamaño medio, con lo que os menciono a continuación habrá suficiente para unas 4 unidades.




Ingredientes:
  • 500 g de sandía
  • 70 g de azúcar
  • 1 limón

Preparación:
  1. Cortar la sandía a trocitos y quitarle las pepitas. Verter todo en el vaso de la trituradora.

  2. Añadir el azúcar y el zumo de un limón pequeño.

  3. Batir y triturar todo bien.

  4. Llenar los moldes que vayamos a usar como "poleras" con la mezcla de sandía triturada.

  5. Congelar durante unas 2 horas antes de clavar los que serán los palos con que sujetar el polo.

  6. Dejar en el congelador mínimo 2 horas más.


Si os apetece preparar una variante un poquito más elaborada (y de la que necesitaréis algo más de paciencia por el tiempo de espera), os recomiendo estos polos bien bonitos con otras dos capas de limón y kiwi de La Receta de la Felicidad.


Que os aproveche y.... 

¡¡¡AL ABORDAJE!!!


sábado, 7 de marzo de 2015

Pasta con Roquefort, pera, nueces y rúcula (by @nitachocolait)




Reactivo el blog curiosamente con una receta que ni es mía y que ni tampoco he preparado yo. Este plato, por simple que pueda parecer, tiene su 'historia', su simbolismo y es de aquellos que, por algún motivo, te quedan marcados y acabas guardando con especial cariño.

Para empezar, quien preparó el plato es mi chica, Ana, más conocida en las redes como @nitachocolait. De siempre se le ha dado bien la cocina. Mucho más que a mí. Cuestión de herencia genética, supongo. El caso es que falta que se lo crea del todo. De hecho, si se lanzara... ¡ya podría temblar Jordi Cruz y todo MasterChef!

Ya hace tiempo que intento convencerla de que se arranque con algo con lo que todos podamos disfrutar de sus creaciones. A ver si me ayudáis y entre todos lo conseguimos, aunque quizás sin darse cuenta ya ha dado un primer pasito...




El caso es que me dio mucha alegría cuando recientemente se atrevió a realizar su primera entrevista a una de sus bloggeras de referencia. Fue justo hace un mes cuando, tras unos cuantos años ejerciendo de documentalista en un medio de comunicación escrito, se desquitaba aprovechando que Antonella Speranza (La Pasta per als Catalans) impartía un cursillo de cocina italiana por nuestra demarcación. Seguramente no es consciente de hasta qué punto me enorgullece lo que hizo aquel día hasta que haya leído estas líneas...

Como por arte de magia, todo aquello generó una serie de acciones más que casuales, causales. Y a eso quería yo llegar: Ana, más motivada que nunca, me sorprendió al cabo de nada con una de las recetas del libro de Antonella. Fue para un ajetreado día de cumpleaños y ese plato (¡¡¡riquísimo!!!) es precisamente el que hoy quiero compartir.








Pasta con Roquefort, pera, nueces y rúcula


INGREDIENTES (2 personas):


  • 160-200 gr de pasta
  • 6 peras
  • 20 gr de mantequilla
  • 100 gr de queso Roquefort
  • 50 ml de nata
  • Nueces
  • Rúcula

PREPARACIÓN:


  1. Poner el agua a hervir y cocer la pasta (la que más os guste).
  2. Cortar las peras en 8 partes (en función del tipo de pera se pueden pelar o no antes).
  3. Derretir en un cazo ancho o sartén la mantequilla con la que rehogaremos las peras a fuego lento.
  4. Incorporar el queso Roquefort y remover para que deshaga y se integre con las peras y la mantequilla.
  5. Añadir la nata, mezclar bien y apagar el fuego justo cuando arranque a hervir.
  6. Escurrir la pasta (si es al dente, mucho mejor) y verterla sobre el recipiente donde tenemos la salsa.
  7. Finalizar espolvoreando nueces picadas y hojas de rúcula por encima del plato.


Sencilla, efectiva, sorprendente, espectacular. Sobre todo para aquellos que os guste el contraste dulce-salado, la combinación entre la pera y un queso tan potente como el Roquefort resulta muy interesante.

Y ya está. Sólo cabe añadir, que lo disfrutéis y... ¡Buon appetito!

¡¡¡AL ABORDAJE!!!



Por cierto, por si alguien desea curiosear la entrevista de Ana a Antonella Speranza para el Diari de Tarragona, aquí la tenéis (se publicó en catalán):





lunes, 18 de agosto de 2014

Rigatoni all'amatriciana





La pasta, como supongo también lo es de tantísima otra gente, es uno de mis platos preferidos. Y este verano hemos podido degustarla en su esplendor en su país de origen tras una visita turística por Roma. En sus múltiples versiones y con diversas salsas, aunque eso sí, siempre "al dente".

Pese a que una de la pasta más típica de la capital es el plato de "cacio e pepe" (con queso y pimienta), de todos los que catamos me quedaría sobre todo con dos: rigatoni all'amatriciana y fetuccini al pesto. Cada vez más devoto de la albahaca fresca, dejamos la receta de la salsa pesto para otra ocasión, centrándonos ahora en la amatriciana.

Esta salsa se basa principalmente en dos ingredientes: el tomate y un tipo de panceta italiana conocida allí como "guanciale" y que procede de la careta o carrillos del cerdo. Otra salsa clásica en la que se utiliza el guanciale es la carbonara.

El sabor que le aporta esta chacina sin ahumar es espectacular. De hecho, basta con hacer un sofrito de guanciale con cebolla y tomate para obtener una salsa colosal para acompañar cualquier tipo de pasta. Los lugareños suelen optar en este caso o bien por unos rigatoni (similar a los macarrones, pero más gruesos, anchos y rugosos) o bien por los bucatini (de aspecto muy parecido a los spaghetti pero con una cavidad interior que permite una mejor absorción de la propia salsa).

Nuestra receta, en realidad, la hicimos con gigantoni (un poquito más grandes que los rigatoni), pero cualquier otra pasta que os guste también puede quedar genial con la amatriciana.



INGREDIENTES (para 2 personas):

  • 180-200 gramos de rigatoni o pasta al gusto
  • 75 gramos de guanciale (o panceta o bacon en caso de no disponer de guanciale)
  • 1 cebolleta
  • 3 tomates grandes maduros
  • Aceite de oliva virgen (o mantequilla o manteca de cerdo)
  • Agua, azúcar, sal y pimienta
  • Queso pecorino o parmesano


ELABORACIÓN:



  1. Trocear el guanciale, picar la cebolleta y triturar el tomate (si puede ser en concasse).

  2. En una sartén con un chorrito de aceite o una cucharada de mantequilla, dorar el guanciale.

  3. Añadir la cebolleta y seguir dorando. El guanciale debe quedar bien frito, aunque sin quemarse.

  4. Incorporar el tomate al sofrito y cocinar a fuego lento hasta que el tomate suelte todo el agua y la salsa quede bien ligada y espesa.

  5. Salpimentar y añadir un poquito de azúcar al tomate para restarle acidez.

  6. Hervir agua abundante con sal (y sin aceite para evitar que la pasta no quede resbaladiza y eso impida absorber el sabor de la salsa).

  7. Cocer la pasta controlando el punto de cocción. Escurrir bien.

  8. Añadir la pasta a la salsa y cocinar algunos minutos removiendo con cuidado.

  9. Servir y espolvorear (opcional) con queso pecorino o parmesano (rayado o en virutas).



Y... ¡¡¡AL ABORDAJE!!!





sábado, 5 de julio de 2014

Croquetas de pollo a l'ast


  


¿Que te ha sobrado un montón de carne de una barbacoa y no quieres empachar al perro o al gato con las sobras? ¿Que no has calculado bien y has comprado pollo a l'ast de más para una comida familiar improvisada? ¿Que estás en plena Operación Bikini y te has dado cuenta de que tus amigos también cuando han atacado a la lechuga en vez de al plato de carne?

Tranquilos. En la cocina (casi) siempre hay una solución para aquella comida que ni la han tocado, pero que ya está cocida y da pena tener que tirar. Una buena opción de aprovechamiento de esa carne sobrante es la de hacer una rica masa de croquetas con las que disfrutar en una mejor ocasión.

En nuestro caso, recientemente hemos aprovechado parte de un pollo a l'ast (principalmente) y alguna pieza de una parrillada como una longaniza y una loncha de panceta.

¿Queréis saber cómo? Aquí lo tenéis.





INGREDIENTES:

  • 1-2 cebollas
  • 100 gr mantequilla
  • 625 gr pollo a l'ast deshuesado
  • 1 longaniza de pimienta
  • 1 loncha de panceta
  • 300 gr aceite de la salsa del pollo
  • 300 gr caldo de pollo o de jamón
  • 600 ml leche
  • 60 gr maizena

  • Harina, huevos y pan rayado para el rebozado
  • Aceite de girasol o de oliva suave para freír las croquetas


ELABORACIÓN:
  1. Picar bien finito la carne del pollo deshuesado, la longaniza y la loncha de panceta. Mezclar y reservar.

  2. Pochar en una sartén grande y a fuego medio-bajo la brunoise de cebolla con la mantequilla y un poco de sal. Podemos echar alguna cucharada sopera del jugo del pollo a l'ast que hayamos guardado para que coja más sabor la cebolla.

  3. Añadir la carne picada, removerla para integrarla con la cebolla y sofreír todo unos minutos.

  4. Incorporar la fécula (harina o maizena) y dejar que se cueza bien a la vez que se va removiendo con una cuchara.

  5. Verter el caldo a la sartén y remover. Hacer lo propio con casi toda la leche, reservando un poco para añadir o no más adelante en función de la textura de la masa deseada.

  6. Ligar con la cuchara toda la mezcla hasta que haya espesado toda la fécula. Rectificar de sal y pimienta y, si fuera necesario, añadir algo más de leche.

  7. Apartar del fuego y dejar enfriar sobre una rejilla para que circule el aire por debajo de la sartén. En cuanto sea posible, poner la masa a refrigerar en la nevera unas horas.

  8. Cuando la masa esté fría, con un poco de aceite en las manos formaremos bolas del tamaño que se desee y se pasarán por harina, huevo batido y pan rayado, en este orden.

  9. Las croquetas resultantes (con estas cantidades y depende del tamaño el número puede variar de entre unas 30 a 60) se pueden freír directamente en aceite de girasol o de oliva suave o bien guardarlas en el congelador para otro día.